Argentina aislada: La irresponsabilidad de agraviar a un socio estratégico por un show electoral.

La política exterior de un país no es un tablero de ajedrez personal para que un mandatario juegue a la provocación partidaria ni un escenario para validar afinidades ideológicas a costa del interés nacional.

 

Por Jesús Marcelo Delise [email protected] 

Un acto de irresponsabilidad diplomática que compromete gravemente la posición de la Argentina en la región.

Argentina ha dejado de guiarse por el pragmatismo estratégico para convertirse en un escenario de provocación constante. Lo ocurrido con el viaje del presidente Javier Milei a Brasil para sumarse de forma directa a la campaña política de la familia Bolsonaro trasciende las fronteras de la afinidad ideológica y constituye una falta de respeto institucional sin precedentes más una grave amenaza para los intereses nacionales.

Es inadmisible que el mandatario de la Argentina utilice suelo extranjero, nada menos que el de nuestro principal socio comercial para insultar de forma sistemática a su presidente constitucional, Luis Inicio Lula da Silva. Lejos de limitarse a la investidura presidencial brasileña, la embestida de Milei cruzó un límite al calificar de basura calva, chorro y corrupto y  no satisfecho, atacar abiertamente al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes.

Las agresiones de Milei hacia el mandatario de Brasil no solo rompieron con la tradición histórica de neutralidad y respeto mutuo de la Cancillería argentina, sino que cruzaron un límite peligroso al atacar como ya dijimos al Poder Judicial brasileño del Supremo Tribunal Federal (STF).

Interferir abiertamente en los asuntos internos de un Estado soberano e insultar a las autoridades de sus tres poderes, no es batalla cultural, es un agravio institucional que deja al país en una situación de vulnerabilidad y bochorno internacional.

El show de la queja: Injerencia vs. Estado de Derecho

La narrativa de protesta construida tras el impedimento para visitar a Jair Bolsonaro evidencia una provocación calculada. Las reglas de un sistema judicial democrático no se amoldan a las exigencias ni al espectáculo mediático de un visitante extranjero:

El reclamo por no haber podido visitar a un ex mandatario expone además una manipulación deliberada. Bolsonaro, se encuentra privado de su libertad en el marco de las investigaciones por el intento de golpe de Estado y los ataques a la democracia del 8 de enero de 2023, pretender que la justicia de un país soberano amolde sus fallos y restricciones a las necesidades del show electoral de un Milei visitante, evidencia un profundo desprecio por el Estado de derecho y la división de poderes.

Permítanme insistir en esta observación:  Jair Bolsonaro no se encuentra bajo un régimen común, sino investigado y condenado/detenido en relación con la causa por intento de golpe de Estado y el atentado a la democracia brasileña, lo cual, impide cualquier visita partidaria. La justicia brasileña establece con claridad que las condiciones de detención o prisión domiciliaria impiden expresamente la organización de reuniones o la recepción de visitas destinadas a desplegar manifestaciones políticas o actos de campaña electoral.

En algún momento se vislumbro la intentona de poner en comparación con la detención domiciliaria de Cristina Fernández de Kirchner y lo cierto es que son dos escenarios completamente distintos, ya que Bolsonaro, se encuentra detenido por el intento de golpe de estado mientras que Cristina, tiene su detención domiciliaria porque supuestamente, debía estar al tanto de las acciones de sus funcionarios.

Protestar por el cumplimiento de las leyes de un país soberano para armar un show mediático, revela una absoluta falta de rigor diplomático y un desprecio hacia un país hermano y soberano.

La retórica del «enemigo externo»: Las declaraciones en Radio Mitre

El ADN de la libertad avanza no tiene descanso, ya que Milei no se toma tiempo libre a la hora de representar papeles vergonzosos y cobardes. A su regreso, lejos de buscar la templanza diplomática o atenuar el conflicto tras el llamado a consultas del embajador brasileño, Milei decidió redoblar la apuesta.

En declaraciones brindadas a Radio Mitre, el presidente no solo justificó sus actos, sino que acusó directamente al Estado brasileño, de haber financiado con un 25% de recursos una presunta «campaña anti argentina» durante el Mundial, sumando en la misma hipótesis a México y al Partido Demócrata estadounidense.

Instalar sospechas de agresión internacional sin pruebas concretas y calificar al espacio político del país vecino como «mierda progresista» no es una contienda de ideas: es una maniobra que deteriora las relaciones bilaterales a niveles históricamente peligrosos.

Me urge también destacar que un periodista deportivo que ante la presencia de Milei se transforma en un chupamedia de lujo, izó oído sordo, olvidando que en una entrevista al menos existen las repreguntas y solicitar las pruebas de semejante acusación, habría invitado a pesar la invisibilidad puesta a la orden del día, una pintura  más clara sobre tanta locura desatada.

Para coronar el clima de confrontación, durante la misma entrevista periodística, al divisar al exministro e industrial José Ignacio de Mendiguren, interrumpió el hilo de sus argumentos para agredir verbalmente en vivo al vasco, acusándolo de haber estafado al país.

Esta conducta reafirma un patrón en el que cualquier desacuerdo técnico o político se convierte de inmediato en un ataque personal con insultos. Todo esto sin olvidar que sus acusaciones muchas veces toman giros inesperados, como la acusación al ministro de economía Toto Caputo de robarse 16 mil millones del central, afirmando que debería estar preso para después, al poco tiempo, ponerlo al frente de la cartera mas compleja del país como lo es, el ministerio de economía.

 

Un ecosistema de agresión: De las cadenas oficiales al ‘stream’ militante

Esta conducta oficial no ocurre en el vacío; encaja de manera directa en un método de comunicación y comportamiento que impregna a todo el ecosistema del gobierno y sus voceros mediáticos:

Agresiones en televisión abierta, periodistas alineados con el discurso oficial, como Luis Majul, recurren a la descalificación directa y al ataque personal hacia figuras de la oposición, como Myriam Bregman, dejando de lado el debate de ideas para priorizar la estigmatización del adversario.

El insulto como doctrina en la red es pan de todo los días en el mundo de la libertad Avanza. En espacios de la militancia digital oficialista, como el programa conducido por el «Gordo Dan», la crítica política se reemplaza por cataratas de insultos violentos que muchas veces rosan los enfrentamientos físicos. La reciente agresión verbal a un periodista brasileño por el solo hecho de cuestionar las decisiones de Milei con frases irreproducibles, expone cómo se exporta hacia la prensa extranjera, el mismo trato hostil que se aplica a nivel local.

Este alineamiento retórico demuestra que la agresión no es un descuido ni un exabrupto aislado: es la estrategia central de un gobierno que concibe a la política como una trinchera y a la descalificación como la única respuesta frente al disenso.

Un costo que recae sobre el pueblo argentino

Durante años se ha acusado de «anti argentino» a quien manifestara posturas opuestas a la línea de gobierno. Sin embargo, resulta profundamente perjudicial para los intereses de la Nación que se exponga la credibilidad y el comercio exterior de la Argentina por puro internismo.

Brasil no es solo un vecino geográfico; es el motor del MERCOSUR y el principal comprador de la producción industrial de nuestro país. Tensar la cuerda diplomática hasta el límite del quiebre institucional, insultar a los tres poderes del Estado brasileño, inventar conspiraciones internacionales y multiplicar la agresión mediática no constituye un acto de soberanía ni de valentía política, es un acto de irresponsabilidad que margina a la Argentina, arriesga puestos de trabajo y deja al país expuesto a pagar las consecuencias de un espectáculo que solo beneficia a un proyecto personal.

Mientras la atención pública se concentra en estos cruces de altavoz, la verdadera preocupación recae sobre el pueblo argentino. Durante años, cualquier postura opuesta a los intereses del país seria un alerta que no se debería ignorar,  hoy, sin embargo, nos encontramos ante acciones reales que atentan contra el prestigio nacional y la estabilidad económica.

Brasil es el destino fundamental de las exportaciones industriales argentinas, el socio clave del MERCOSUR y un aliado indispensable para cualquier negociación internacional. Tensar las relaciones bilaterales y encender el odio político en la región por meros intereses electorales ajenos, no sólo deja a la Argentina mal parada ante el ojo del mundo, sino que genera un insumo perfecto para quienes buscan deslegitimar al país en los foros internacionales tengan letra para contar.