La construcción de la sospecha tras la caída deportiva
Por Jesús Marcelo Delise [email protected]
La Final de la copa del mundo llego a su punto final pero aun asi, todavia hay mucha tela para cortar, a tal punto, da la sensación que tanto los jugadores del seleccionado albiceleste como el cuerpo técnico y su dirigencia, se ven obligado a jugar una nueva final más avara y sanguinaria que busca romper la mística deportiva he instalar un anti selección y anti argentina, con el objetivo de entregar en bandeja a los capitales privados, la pasión, y el juego más movilizador de todo los tiempos.
La final de la Copa Mundial 2026 en Estados Unidos, donde la Selección Argentina cayó con hidalguía frente a España por 1-0 en el tiempo suplementario, no solo significó un doloroso desenlace en lo deportivo, sino el punto de partida de una encarnizada operación político-mediática.
Casi de inmediato, ciertos sectores del aparato periodístico corporativo, montaron una narrativa destinada a opacar el desempeño del equipo nacional y reemplazar la gesta deportiva por un clima de intriga, desconfianza y sospecha.
La arenga de Messi y la distorsión del mensaje
Uno de los ejes más manipulados en los medios tras la final fue la filtración de la arenga de Lionel Messi en los vestuarios:
«Tranquilidad, pensemos en jugar nomás, eh. Olvidémonos de todo. Solo juguemos.»
Lo que, en cualquier contexto deportivo genuino, representó la palabra de un capitán experimentado buscando aislar a sus compañeros del desborde exterior y concentrarlos en el juego, fue presentado por la prensa hegemónica como la prueba de una supuesta ruptura o de un clima irrespirable dentro de la delegación.
Se intentó vender una historia donde el plantel jugaba «a pesar de la dirigencia» o envuelto en tensiones ajenas al fútbol, cuando en verdad, el mensaje reflejaba la necesidad de proteger al grupo frente al acoso y la desestabilización externa que se venía gestando desde la política nacional.

Para comprender la ferocidad de esta campaña, es imperioso analizar el trasfondo político-económico. Desde la asunción del gobierno de Javier Milei, el impulso a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) se transformó en una bandera innegociable para desembarcar grandes capitales financieros e internacionales en los clubes de fútbol argentinos.
El principal obstáculo institucional para esa avanzada privatizadora ha sido la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), encabezada por Claudio «Chiqui» Tapia, respaldada por la masa societaria y dirigencial que defiende el modelo de asociaciones civiles sin fines de lucro. En ese esquema, desgastar, deslegitimar e involucrar en supuestos delitos de corrupción a las autoridades de la AFA, se volvió una necesidad imperiosa para el oficialismo.
En este escenario, resulta indispensable señalar la profunda contradicción en la postura del presidente Javier Milei. Mientras desde el aparato gubernamental, se buscaba y se busca aun hoy, asfixiar a la conducción del fútbol nacional, desmantelar los club de Barrio y privatizar sus estructuras.
El propio mandatario intentó posicionarse mediáticamente como el «hincha número uno» de la Selección, este falso patriotismo pretendió capitalizar el idilio popular y la épica del equipo cuando los resultados acompañaban, utilizando la camiseta albiceleste como plataforma de legitimación política, sin embargo, la sobreactuación de la simpatía futbolera contrasto abiertamente con las políticas destinadas a desprestigiar y dejar en estado de coma, el tejido social y deportivo sobre el cual se construyó, desde las divisiones inferiores de los clubes de barrio, el éxito del fútbol argentino.

Un episodio determinante que expuso la brecha entre el plantel y el relato oficial ocurrió cuando los jugadores desplegaron en el certamen la bandera con la consigna histórica sobre las Islas Malvinas. El gesto, impulsado con naturalidad y orgullo soberano por el grupo que encabeza Lionel Scaloni, se convirtió en un verdadero punto de gloria y dignidad para el plantel.
Sin embargo, ese acto de afirmación patricia cayó como una piedra en el estanque de la Casa Rosada.
En el seno del gobierno libertario caracterizado por una alineación irrestricta con las potencias anglosajonas y una diplomacia reticente a la causa soberana, la imagen de la Selección levantando la causa Malvinas generó un profundo nerviosismo y dejó un sabor amargo.
Frente a la potencia cultural de los campeones del mundo flameando la soberanía nacional, el discurso oficial quedó descolorido y descolocado ante la opinión pública.
Se esperaron fuertes sanciones sobre un hecho que dejó fuera de juego a las autoridades de la rosada y a la mismísima familia Milei, Fuertes admiradores de la dama de hierro.
¿El tiro por la culata? No cabe duda: a pesar de las advertencias de no poder usar símbolos, imágenes y demás hierbas que confronte con el Reino Ingles y de hacerlo, grandes olas apocalípticas caerían encima de los culpables, la selección comandada por La Escaloneta en lo técnico y Lionel Messi en el verde césped, por el momento se ganó un lugar en el panteón de los grandes héroes de nuestra nación.
La operación mediática del FBI y las falsas noticias
El punto culminante de este dispositivo de desinformación ocurrió con la rápida circulación de un reporte según el cual agentes del FBI habrían retenido a Tapia en el aeropuerto JFK de Nueva York, confiscándole sus dispositivos electrónicos y citándolo a declarar por presunto desvío de fondos.
Esta historia, rápidamente desmentida categóricamente por la AFA y sus letrados por carecer de sustento fáctico y no responder a hecho real alguno, expuso la complicidad de comunicadores y portales que amplificaron una falsedad sin verificar la información.
La fabricación de citaciones judiciales genéricas y la invención de operativos policiales tuvieron como único propósito instalar una condena social instantánea en las primeras planas.
Lo cierto, es que resulta inverosímil sostener la hipótesis de que un plantel integrado por futbolistas consagrados en las ligas más exigentes del mundo y en el marco del último Mundial de la carrera de Lionel Messi se prestaría a maniobras de distracción o bajo rendimiento.
Atentar contra su propia historia, tras años de esfuerzo, éxitos colectivos y un idilio indiscutible con el pueblo argentino, es una falacia que solo puede sostenerse en guiones periodísticos poco sofisticados.
La entrega del cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni y de los jugadores quedó demostrada en la cancha hasta el último minuto.
«La Asociación del Fútbol Argentino exhorta a los medios de comunicación y a quienes ejercen la actividad periodística a verificar adecuadamente el contenido de los documentos antes de publicar afirmaciones que no encuentran respaldo en ellos, recordando que el rigor informativo constituye un deber esencial del periodismo responsable«
¿A quién le convenía el tropiezo en EE. UU.? Es una pregunta que no puedo dejar de hacerme. Al evaluar el balance político, queda claro que al gobierno nacional le resultaba funcional un papel convulsionado o deslucido de la Selección en suelo estadounidense. Una eventual coronación habría reforzado el prestigio y el poder político de la conducción de la AFA, blindándola ante cualquier intento de intervención o reformas estructurales.
En cambio, el dolor del segundo puesto ofreció la ventana perfecta para desplegar un ataque sistemático: erosionar la credibilidad de Tapia, asociar su figura al escándalo e intentar forzar el terreno para el ingreso del capital privado en el fútbol.
El desenlace deportivo en el Mundial 2026 expuso algo mucho más profundo que una simple derrota en el campo de juego: dejó al descubierto hasta dónde es capaz de llegar el poder político y mediático para desarmar la identidad de un pueblo.
Intentar manchar a una generación de futbolistas que alcanzó la gloria eterna, montar supuestas investigaciones judiciales internacionales sin sustento e instrumentar la mentira como doctrina para rematar la pasión popular no es solo una estrategia vil, es un acto de prepotencia institucional.
Pero la memoria colectiva no se privatiza ni se somete a operaciones de prensa. El fútbol argentino seguirá perteneciendo a los clubes, a sus socios y a la gente; y aquellos que hoy celebran el tropiezo de la Selección para hacer negocios con nuestra historia, mañana tendrán que responder ante el juicio imborrable de un pueblo que sabe perfectamente quiénes juegan por la camiseta y quiénes rematan la Patria.

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