El modelo Milei prometía aire fresco para la economía argentina: superávit fiscal, combate frontal a la inflación y una nueva era de libertad económica, sin embargo, la realidad se impone y muestra que esas banderas, que en principio deberían ser oxígeno político y económico, se están convirtiendo en el principio del ocaso para “La Familia Milei” y su proyecto.
Por Jesús Marcelo Delise [email protected]
El supuesto superávit fiscal, primer estandarte del gobierno, dista mucho de ser un logro genuino, la crítica más contundente no viene de la oposición, sino de un análisis contable elemental, no se están contabilizando los intereses de la deuda pública, es decir, el superávit reportado, es un espejismo, un dibujo contable que oculta un déficit real y creciente.
En lugar de resolver la bomba de la deuda, se la va postergando, capitalizando intereses que cada día aumentan el riesgo financiero del país. Este maquillaje fiscal, es un acto de prestidigitación económica que solo puede sostenerse en el corto plazo y a costa de un default disfrazado.

- La presentación de un superávit fiscal sin considerar la totalidad del gasto, especialmente intereses de deuda, puede ocultar problemas estructurales graves que comprometen la estabilidad macroeconómica y la confianza de los agentes económicos.
- Los recortes radicales al gasto social y la paralización de la inversión pública, aunque pueden mostrar resultados fiscales a corto plazo, deterioran el capital humano y la infraestructura, destruyendo el potencial productivo y los fundamentos para una libertad económica sostenible.
- Un ajuste fiscal basado únicamente en reducción de gasto sin reformas estructurales o mejoras en ingresos públicos corre el riesgo de ser insostenible y esconder déficits reales, incluyendo la capitalización de intereses, comprometiendo el crecimiento a largo plazo.
- La inflación y el superávit fiscal deben jugar en conjunto para garantizar estabilidad macroeconómica: un superávit real ayuda a bajar la inflación, pero un superávit falso, basado en recortes que deprimen la economía o en deuda oculta, no contribuirá a estabilidad real y afectará la libertad económica.
- En conclusión, las políticas macroeconómicas que dependen de supuestos “dibujos contables”, recortes brutales de gasto social e inversión pública y omisiones en la deuda sacrifican las banderas clásicas de la libertad económica: confianza, transparencia, estabilidad, igualdad de oportunidades y crecimiento sostenible. Esto lleva a una libertad solo formal, pero no real ni duradera.
Un cuadro Cada vez mas claro
A este cuadro, se le suman recortes brutales en gasto social y la paralización total de la obra pública, salud, educación, asistencia social etc, Todas las áreas que sostienen el mínimo estado de bienestar están siendo mutiladas para presentar números maquillados en las cuentas públicas, el costo real es incalculable, el empobrecimiento de las bases sociales, la pérdida de capital humano y el ahondamiento de la desigualdad no solo es letal, Sino que en pocas palabras, erosiona la libertad real de amplios sectores, condenándolos a la exclusión y dependencia.
Por otro lado, la paralización de la infraestructura estatal, banca esencial para el desarrollo, compromete el crecimiento futuro y la competitividad internacional, la libertad económica no es sinónimo de abandono estatal total, menos aún en un país que necesita inversión en infraestructura para crecer de manera sostenible.
Si bien la inflación suele ser la espada de Damocles para cualquier gobierno, «La Familia Milei» no logra un control genuino, porque su falso superávit no genera confianza para estabilizar precios y porque el ajuste proviene de la recesión social, la inflación, en lugar de ceder, amenaza con prolongar su recorrido mientras el costo social se multiplica.
Este cuadro macroeconómico deteriorado y frágil, no es solo un problema económico, es una bomba política de tiempo.
El talón de Aquiles del Mileismo no radica únicamente en su insostenibilidad fiscal, sino en las fracturas y crisis internas que pone en evidencia. “La Familia Milei” se desangra desde adentro: choques ideológicos, manejos autoritarios y divisiones expulsan a sus propias filas y minan su coherencia política.
En el plano internacional, el escenario tampoco es alentador. La Argentina de Milei empieza a ser vista como un paria, un país con políticas económicas erráticas, falta de transparencia y crisis sociales crecientes. Ese aislamiento y desprestigio dificultan el acceso a financiamiento y alianzas clave, condenando aún más el margen de maniobra del gobierno.

Si “La Familia Milei” no corrige una hoja de ruta plagada de errores y contracciones, la caída será inevitable, no solo económica, sino también política y simbólica, Y ese derrumbe no vendrá solo del interior, sino de la cada vez mayor desconfianza internacional que los convierte en un caso testigo del fracaso de discursos libertarios llevados al extremo en un país crónicamente vulnerable.
Argentina se merece mucho más que espejismos contables y recortes sociales disfrazados de “libertad”.
Argentina, Se merece un proyecto económico sostenible, inclusivo y honesto, no un fraude fiscal y un pacto social roto, ese es el legado que el Mileismo parece condenado a dejar si no cambia el rumbo. Y ese cambio, hoy, parece lejano.
Para cerrar esta editorial, no tengo duda de plantarme en una vereda cargada de reclamos y decir que a este panorama se suma una oposición, que, intenta capitalizar el deterioro del oficialismo y cerrar filas de cara a 2027, y que a mi entender, todavía luce debilitada y fragmentada, y claro que por sobre todas las cosas, el peronismo, único actor político con verdadera capacidad estructural para modificar el rumbo, da la sensación de haber perdido su propio simbólicos que verdaderos proyectos integradores.
El lanzamiento del peronismo federal en Parque Norte este fin de semana, que marcó una clara distancia respecto al conflicto interno entre Cristina Fernández y Axel Kicillof, expone no solo la fragmentación interna, sino también la dificultad para consolidar una agenda unificada y coherente.
El 2027 esta a la vuelta de la esquina, la libertad avanza ya no es una alternativa sino una manada desorientada y sin rumbo y claro mientras el Caos de los libertarios parecen una obra sin final feliz, del otro lado, hay mucho por hacer, sobre todo si hablamos de alianzas y de recuperar parte de un electorado que no solo se siente defraudado, sino que no encuentra un futuro favorable en ninguna de las alternativas políticas, y esta verdad mis estimados lectores es un diagnostico que asusta.

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