Final para Ediciones De la Flor: Javier Milei lo hizo

Después de 60 años como sello independiente y familiar publicando lo mejor de la literatura argentina y del humor gráfico, de superar crisis económicas y dictaduras, la casa fundada por Daniel Divinsky anunció su cierre.

Se dice que fue fundada en 1966, pero fue recién al año siguiente que apareció el primer libro con su sello: la antología ‘Buenos Aires: de la fundación a la angustia’, con textos de Julio Cortázar, Félix Luna, Leopoldo Marechal, Bernardo Verbitsky, David Viñas, Rodolfo Walsh, Enrique Wernicke, Baldomero Fernández Moreno y Ezequiel Martínez Estrada, entre otros autores.

Hasta su muerte, ocurrida el 1 de agosto del año pasado, fue Daniel Divinsky quien la dirigió. El productor discográfico y editor Jorge Álvarez inspiró al joven abogado de 25 años a fundar su propia casa editorial, que se materializó con la mencionada antología bajo el sello De la Flor.

Luego comenzarían a llegar los primeros hitos: en 1968 tuvo su primer best-seller con la edición local de la novela ‘Paradiso’, del cubano José Lezama Lima, cuyos 3.000 ejemplares se agotaron la misma tarde en ser distribuida en librerías, y 1970 fue otro año clave al publicar el primer volumen de ‘Mafalda’, de Quino, que también se vendía (y se vende) como pan caliente.

Daniel Divinsky.

Daniel Divinsky.

Con el arribo en 1970 de Ana María “Kuki” Miller, quien luego de convertiría en codirectora y esposa, Divinsky dio nuevo impulso a su editorial y así llegaron más firmas de trascendencia nacional e internacional a publicar sus obras en el sello que con cada lanzamiento ganaba nuevo prestigio: las de Silvina Ocampo, Ray Bradbury, Ariel Dorfman, Vinicius de Moraes, Roberto Fontanarrosa, Clarice Lispector, Griselda Gambaro y Umberto Eco, entre otras, como las de los ya mencionados Walsh, Verbitsky y Viñas.

Con el tiempo, De la Flor fue incorporando el humor gráfico como uno de sus grandes capitales, y a Quino se sumaron Caloi, Rep, Crist, Liniers, Nik, Montt, Sala, Decur, Arroquy, El Niño Rodríguez y muchos otros que consolidaron al sello como uno de los más importantes del país, siempre bajo administración y dirección familiar.

Y los libros, se sabe, no son inocuos, y así lo entendió la dictadura cívico militar de 1976 a 1983, que prohibió varias de sus títulos, como el infantil ‘Cinco dedos’ y ‘Ganarse la muerte’ de Gambaro, deteniendo extrajudicialmente a Divinsky, quien pasó 127 días encarcelado sin proceso. Al recobrar la libertad, todavía bajo amenaza, se exilió desde mediados de 1977 y hasta 1983 en Venezuela, ejerciendo la dirección “a distancia” de la casa editora.

Pero ni la prisión ni la censura ni las grandes crisis económicas que atravesó nuestro país en las últimas seis décadas pudieron con De la Flor, que durante ese tiempo conservó la independencia frente a las grandes multinacionales que siguen depredando a casas editoras latinoamericanas para publicar solo libros con ventas garantizadas, generalmente autores extranjeros de marcada impronta comercial, sin tomar ni correr ningún riesgo financiero, mucho menos cultural.

Hasta que llegó Javier Milei, enemigo declarado de la cultura, de la industria editorial en particular y de la industria nacional en general; de los escritores y de los artistas; en fin, de todo lo que represente pensamiento crítico y, para ser sinceros, del pensamiento liso y llano. Como saben muchos artistas y científicos y millones de trabajadores, el anarcocapitalismo antinacional y antipopular tampoco es inocuo.

Así, en el marco de la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que tiene lugar en La Rural, “Kuki” Miller anunció que De la Flor deja de existir por la crisis que atraviesa el mundo editorial, la brutal caída en las ventas y la pérdida de mercado de editores independientes frente a las grandes casas multinacionales; o, como advirtió la editora, frente al “oligopolio de los grandes grupos que absorben la mayoría del público y de la producción”.

Además, por Milei: “No me gusta el momento político del país… He pasado todas las crisis políticas, económicas, cárcel, exilio… Pero un Presidente que denosta la cultura, que insulta procazmente a los artistas, a los escritores, me resulta, por decirlo suave, molesto publicar en este momento”, declaró Miller.

Después de publicar en promedio una veintena de títulos al año año, de conservar en su fondo editorial y reeditar lo más importante de la literatura, el humor y la cultura de la Argentina, de mantener miles de lectores fieles y cariñosos que se nutrieron y nutren emocional y espiritualmente de sus obras, De la Flor anuncia su final.

Otra razón más, entre muchísimas, para desear y esperar que la pesadilla mileísta se termine más temprano que tarde.