En la Casa Rosada no brindan detalles sobre le mensaje que dará el presidente. Sólo confirman que la disputa con Londres por la soberanía de las Islas tendrá un espacio más relevante que en las apariciones anteriores. Los otros eventos donde estará el mandatario.
El presidente Javier Milei participará de la Asamblea General de la ONU. Mientras prepara un discurso que mantiene bajo siete llaves, la Casa Rosada busca concretar una nueva bilateral con Donald Trump. El reclamo por Malvinas, el vínculo con Londres y una agenda internacional que también funciona hacia adentro.
Hay una nueva palabra que empezó a circular con insistencia en la Casa Rosada: Malvinas. Desde la madrugada de este martes, Javier Milei se encuentra en Nueva York para participar de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas y, por primera vez desde que asumió, llegará al principal foro diplomático internacional con el reclamo por la soberanía de las islas convertido en uno de los ejes de su agenda.
El contenido del discurso que dará ante la ONU todavía se mantiene bajo reserva, aunque en el entorno presidencial anticipan que la cuestión Malvinas tendrá un lugar central. No se trata solamente de una reivindicación histórica: el gobierno comenzó a convertirla en una pieza de su nueva política exterior, en un momento en que una declaración de Donald Trump volvió a mover las piezas de la disputa.
Sin Karina Milei, quien decidió quedarse en el país para atender los conflictos internos de la mesa política, el líder liertario llegó a la gran manzana junto al canciller Pablo Quirno y el ministro de Economía, Luis Caputo, quienes además mantendrán una agenda diplomática propia durante la estadía, con la que pretenden seguir aumentando las chances de conseguir dólares frescos de cara al próximo año. Desde el deslomado despliegue que acompañó a Manuel Adorni durante su viaje a Nueva York por la Argentina Week, que derivó en una investigación judicial que culminó con su eyección del gabinete, la Casa Rosada decidió achicar al máximo las delegaciones y solo sube al avión a los funcionarios necesarios.

En Manhattan, Alec Oxenford, el embajador argentino en Estados Unidos y uno de los hombres que viene trabajando en la consolidación del vínculo entre Buenos Aires y Washington, los esperó con una recibida protocolar y se sumará al grupo de funcionarios que acompañarán al presidente en su alocución.
Si bien hasta el momento no hay confirmaciones, en el gobierno mantienen abiertas las conversaciones para intentar concretar una nueva reunión entre Milei y Donald Trump. No hay fecha ni horario confirmados y, hasta ahora, tampoco existe una confirmación oficial de que el encuentro vaya a producirse.
Una nueva bilateral entre ambos presidentes tendría, como cada encuentro entre los dos dirigentes, una fuerte dimensión comunicacional. Pero esta vez el contexto por el reclamo de la soberanía de las islas le agrega una particularidad.
En las últimas semanas, Trump sorprendió al tomar distancia de Londres sobre la disputa por las islas y dejar abierta la posibilidad de revisar su postura. Sus declaraciones se produjeron en medio de las tensiones entre Washington y el Reino Unido por el posicionamiento británico frente a la intervención estadounidense en el estrecho de Ormuz, en el marco del conflicto con Irán.
La reacción británica no tardó en llegar. El primer ministro Andy Burnham cruzó públicamente al mandatario estadounidense, aunque hoy concretaron un encuentro en la Asamblea. En un comunicado conjunto, ambos países dieron a conocer que el tema Malvinas formó parte de la conversación, aunque no existieron mayores precisiones.

Días atrás, en el gobierno argentino comenzó a aparecer una posibilidad que hasta hace poco parecía difícil de imaginar. Varias versiones extraoficiales advirtieron sobre la posibilidad que Trump pueda eventualmente funcionar como interlocutor o facilitador de un diálogo entre la Argentina y el Reino Unido por Malvinas.
No existe, por ahora, una mesa tripartita. Tampoco hay negociaciones abiertas en ese sentido. En la Casa Rosada son particularmente cuidadosos con el tema y aseguran que cualquier movimiento deberá realizarse por canales oficiales. “Es un tema muy delicado. No vamos a dar un paso en falso que pueda perjudicar todo”, explican cerca del presidente.
La malvizacion del gobierno, en tanto, empezó a hacerse visible dos semanas atrás, cuando Milei utilizó una cadena nacional para inaugurar una nueva etapa de su discurso político. La cuestión Malvinas ocupó entonces un lugar destacado y la Casa Rosada comenzó a hablar de una agenda destinada a profundizar la disputa diplomática con el Reino Unido y a llevar el reclamo argentino a todos los espacios internacionales posibles.
En este marco el gobierno anunció la reactivación de la Base Naval Integrada, un proyecto que había sido paralizado por la propia administración libertaria en 2024. También anticipó un endurecimiento de las penas contra quienes participen o colaboren con la explotación de recursos naturales en el área cuya soberanía reclama la Argentina.
El capítulo más concreto de esa ofensiva fue la denuncia penal contra Navitas Petroleum Development and Production Limited por el desarrollo, junto con la británica Rockhopper Exploration, del proyecto Sea Lion, con el que sus impulsores pretenden avanzar en la explotación petrolera alrededor de las islas.
Pese a las lecturas que indican lo contrario, Milei rechazó de plano que el giro tenga una explicación electoral. Cuando se lo vinculó con la necesidad de recomponer su vínculo con una parte del electorado, el Presidente calificó esas interpretaciones como una “estupidez mayúscula”. En privado, sin embargo, algunos dirigentes del oficialismo reconocen que la nueva posición de Trump respecto de Gran Bretaña modificó el escenario.
La Casa Rosada encontró en el inesperado movimiento del presidente estadounidense una oportunidad para reforzar un discurso que combina soberanía, nacionalismo y alineamiento con Washington. Es una combinación distinta de la matriz discursiva con la que Milei construyó buena parte de su identidad política durante los primeros años de gobierno. El reclamo por las islas permite, además, correrse por un momento de las discusiones económicas que dominan la agenda cotidiana y recuperar una narrativa nacional que excede al universo estrictamente libertario. La apuesta es doble: volver a instalar la disputa diplomática con Londres y, al mismo tiempo, convertir a Milei en un actor con pretensiones de liderazgo regional y global.
La Asamblea General de la ONU, en tanto, no será el único escenario que tendrá el presidente durante su estadía. Invitado por la fundación Federalismo y Libertad y el International Republican Institute (IRI), participará de un evento patrocinado por Citibank en el que disertará bajo el título “Valores democráticos, libertad económica y seguridad estratégica”.
Será otra oportunidad para desplegar la marca registrada de Milei: defensa de la libertad económica, reivindicación de su programa de gobierno y posicionamiento como referente del liberalismo internacional.
La agenda combina, así, dos dimensiones que el mandatario suele superponer: la diplomacia formal y la batalla cultural.
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