La soberanía amenazada: ¿la defensa de lo nacional ya pasó de moda?

Milei refuerza su alineamiento con EE UU con la entrega de recursos estratégicos y el vaciamiento de la ciencia. La apatía popular y la posibilidad de revertir un retroceso planificado.

Treinta representantes de las provincias ingresaron a la casa solariega de Francisca Bazán de Laguna en San Miguel de Tucumán para imaginar el futuro de un país entre muros de adobe de sesenta centímetros. No estaban todos: la Liga de los Pueblos Libres (Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, la Banda Oriental y la oscilante Córdoba) había hecho su propio congreso un año antes, en la villa de Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay.

Los firmantes del acta de independencia, aquellos que levantaron la mano y pusieron el gancho para declararse libres e independientes, discutieron pros y contras. En algún momento dudaron; algunos aceleraban, otros advertían sobre escenarios, correlaciones, consecuencias. Hubo, como siempre, marchas y contramarchas.

Diez días después del 9 de julio un diputado -se dice que fue Tomás Manuel de Anchorena, de Buenos Aires- advirtió que era necesario hacerle un agregado oficial oadenda a la declaración de independencia: una enmienda para que, justamente, constara en actas que la independencia de “las Provincias Unidas de Sudamérica” (no simplemente del Río de la Plata, dato clave) era del rey Fernando VII, de la dinastía de los Borbones y del Reino de España, pero también de “toda otra dominación extranjera”.

La soberanía amenazada: ¿la defensa de lo nacional ya pasó de moda?

Los juramentados habían arriesgado. Representaron a sus pueblos en una voluntad común: ser libres. Algunos perderían tempranamente la vida en las guerras internas, como el representante por San Juan Francisco Narciso de Laprida, también presidente de la asamblea, la primera firma que aparece en el acta, con su nombre abreviado primero a la izquierda (“Fran”) más la rúbrica expansiva con forma de culebra reposando en el piso.

El pensador alemán Walter Benjamin solía decir que el pasado irrumpe en la actualidad como un relámpago: fulgura pero de manera efímera. Y el aprendizaje de la historia, según esa hipótesis, es lo que sigue resonando tras esa experiencia, ese destello fugaz. El pasado no es mera letra muerta: lo ocurrido coexiste en tensión con el acontecer incierto e imprevisible del porvenir inmediato.

Imaginar a los congresales de 1816 en una visita guiada a los más de 20 bloques activos de shale oil y shale gas de la cuenca neuquina implicaría un ejercicio de provocación. ¿Qué hubieran dicho esos 30 hombres del siglo XIX sobre los recursos del subsuelo patrio? ¿Habrían mencionado esa palabrita inquietante, actual, filosa, que es «soberanía»?

¿Y qué hubieran dicho, por caso, al ver que dos siglos después un país independiente decide desfinanciar y frenar de manera deliberada el CAREM, una tecnología que entonces ni imaginaban, el primer reactor nuclear modular de potencia diseñado íntegramente en su territorio?

A falta de los firmantes del acta de independencia -tampoco están en este plano los delegados de los pueblos a la asamblea de Arroyo de la China de 1815-, Tiempo consultó otras voces. Opiniones diversas, un mismo eje: la soberanía. Un eje, o más bien una pregunta.

 

La soberanía, ¿una causa popular?

Una diputada con altísima capacitación en el ámbito nuclear, la doctora en Física Adriana Serquis (Fuerza Patria), advirtió que la intención del gobierno mileísta es “desfinanciar los proyectos nacionales (del sector nuclear) en marcha” y, por ende, “frenar avances soberanos como el del rector CAREM”.

Bautizado con el acrónimo de Central Argentina de Elementos Modulares, CAREM es el primer reactor nuclear pequeño diseñado íntegramente en el país: abastecido con agua liviana presurizada (PWR), tendría múltiples aplicaciones una vez finalizado (el prototipo se desarrolla en el complejo nuclear Atucha de Lima, partido de Zárate).

La soberanía amenazada: ¿la defensa de lo nacional ya pasó de moda?
La doctora en Física Adriana Serquis.

“El gobierno evidencia una clara intencionalidad de desfinanciar, cediendo ante presiones históricas de EE UU, que sistemáticamente ha buscado frenar avances como el del CAREM. Y eso a pesar de que se trata de uno de los proyectos de reactores modulares pequeños (SMR) más avanzados y competitivos del mundo”, sostuvo Sarquis, que se formó en el Instituto Balseiro.

Y sobre las encrucijadas del presente, agregó: “La estrategia del gobierno reduce la política nuclear argentina a la mera extracción de uranio para su exportación en bruto, poniendo en riesgo el abastecimiento futuro y sin asegurar las reservas necesarias para el funcionamiento de nuestras propias centrales. Además, promueve la construcción de reactores como el ACR-300, a cargo de una empresa extranjera (por la estadounidense Meitner Energy, NdR), en lugar de apoyar proyectos de bandera que ya registran importantes grados de avance”.

Con ese panorama, su conclusión fue tajante: “Es un retroceso planificado”.

Sarquis, a pedido de este diario, ensayó un decálogo sobre cómo y qué hacer para reconstruir las capacidades soberanas: dijo que primero urge frenar “la fuga de cerebros y el vaciamiento del sistema nuclear”. Luego propuso crear empresas mixtas, en las que el Estado retenga la mayoría accionaria, para “el despliegue comercial de los desarrollos claves, que ya están avanzados”.

Otra clave, también en materia soberana, es qué hacer con las riquezas geológicas de la meseta neuquina. La formación de Vaca Muerta ya transformó la estructura económica; incluso hay indicios de una incipiente y muy gradual corriente migratoria desde las grandes ciudades, tendencia que va en reversa de la conformación de los conurbanos.

Sobre este tema, el ministro de Infraestructura bonaerense Gabriel Katopodis propuso estudiar una iniciativa que se aplica en Noruega desde hace tres décadas, el Fondo Soberano (en inglés, Government Pension Fund Global): se trata del fondo de inversión estatal más grande del mundo, creado para administrar los ingresos provenientes del petróleo surgido en las aguas territoriales del Mar del Norte.

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El ministro de Infraestructura bonaerense Gabriel Katopodis.
Foto: Gobernación BA

“En el mundo vamos conociendo algunos modelos de administración de los recursos estratégicos con fines públicos. Un modelo son lo que se llaman ‘Fondos Soberanos’, que administran un recurso que muchas veces es finito, escaso, y que en una determinada coyuntura tiene un determinado valor de mercado muy importante. Y lo administran de modo tal que el usufructo de ese recurso permite capitalizar y mejorar la calidad de vida del conjunto de la sociedad”, valoró Katopodis en Kato X Stream, un ciclo de entrevistas vía streaming creado por sus equipos.

Estas definiciones, está claro, contrastan con un presente en el que Milei avanza con un alineamiento hemisférico con Estados Unidos que alcanza un grado de tutelaje con expresiones muy concretas pero también simbólicas, como izar la enseña de barras y estrellas en el Monumento a la Bandera de Rosario: fue -se supo luego- un homenaje municipal por los 250 años de la independencia estadounidense.

Cuando se habla de soberanía, en este lugar del mundo parece repetirse una y otra vez la misma pregunta: tras el estancamiento con alta inflación de 2013-2023, ¿la sociedad argentina aceptó que la alternativa era el shock sin anestesia para concretar aceleradamente la reconversión económica? Y otro interrogante, disparado por la propia historia: ¿hay una sensibilidad mayoritaria que ve con desagrado y hasta repudia la subordinación ante poderes extranjeros o esa parte de la cultura popular quedó en el pasado?

La escritora Paula Puebla, alejada de los conformismos y la corrección política, cree que la sociedad argentina está poniendo cada vez más atención en “cuestiones que tienen que ver con la soberanía del país, sea en la dimensión que sea”. Autora de El cuerpo es quien recuerda (Tusquets), nacida en Berazategui y graduada en la UBA como Diseñadora de Indumentaria, Puebla ve en los argentinos cierto afán por conocer los hilos no tan visibles de la subordinación. Para, según dijo, «unir los puntos que conforman la cadena de dominación o tutelaje, como quieras llamarlo». “Hoy hay más jóvenes interesados en cierta forma de la política nacional que tienen muy bien tomado el pulso de, por ejemplo, las campañas antiargentinas en redes o las maniobras de poder blando de los países dominantes sobre Argentina y la región”, observó. Novelista y ensayista, conocedora de la labor industrial desde adentro (supo trabajar como obrera textil), Puebla advirtió sin embargo que la preocupación por la soberanía debe escapar de los facilismos livianos y meramente declamatorios.

La soberanía amenazada: ¿la defensa de lo nacional ya pasó de moda?
La escritora Paula Puebla.
Foto: Ale Guyot

“El desafío es zafar de la pavada discursiva y el sticker en el termo, para poder pensar un modelo que se funde en la soberanía en sus diferentes formas. Que piense una industria nacional solvente y sostenible, que pueble las zonas vulnerables de nuestro vasto territorio, que tenga un proyecto de recuperación de aguas y tierras que nos pertenecen, que forme y fortalezca a nuestras fuerzas de defensa, que la política deje de solventarse con la toma de préstamos internacionales”, amplió.

Otra voz que respondió sobre el lugar de la soberanía en la sensibilidad de los argentinos fue el sociólogo Hernán Vanoli. Director de la consultora Sentimientos Públicos, también novelista y ensayista, Vanoli se especializó en el estudio sobre los cruces entre tecnología y subjetividad. “A la población argentina no le gustan los actos de subordinación (de la elite argentina hacia un poder extranjero, NdR), muchas veces grotescos, pero al mismo tiempo no hay una alternativa articulada a ese tipo de propuestas. La sociedad argentina es plebeya y tiene un orgullo muy difícil de captar, resbaladizo, pero persistente y sólido a la vez”, subrayó el autor de El amor por la literatura en tiempos de algoritmos (Siglo XX).

Ante sobreactuaciones como la de la bandera norteamericana flameando en Rosario, Vanoli planteó que la sociedad argentina puede “tolerar” esas “manifestaciones de cipayismo” pero “no las apoya activamente”. “Las aguanta, pero mientras no tengan una incidencia clara en su vida cotidiana”, puntualizó. Luego, a modo de descripción general, consideró que el país está ingresando “en una época de argentinismos (así, en plural) más que de un nacionalismo como el que estamos acostumbrados a pensar”.

La soberanía amenazada: ¿la defensa de lo nacional ya pasó de moda?
El sociólogo Hernán Vanoli.

“Ya no existe esa idea de que hay un AMBA avanzado o más cosmopolita y un ‘interior’ que mira hacia adentro. Hoy todo es ambas cosas: cosmopolita y territorial a la vez, Inteligencia Artificial y todos los años de internet que tenemos encima cambiaron mucho eso”, diferenció. Y concluyó: “Existe una mayoría social de argentinos que encuentra un espacio propio y está dispuesta a arriesgar para construir algo propio, pero es una emocionalidad que trasciende el horizonte mental de los políticos y no termina de encontrar un lenguaje: encuentra íconos y derivas emocionales pero no está articulada en un programa”.