“La memoria no se negocia: Nunca Más.”

El negacionismo, no es solo una disputa sobre cifras, sino una estrategia política que busca desmantelar consensos construidos en torno a la memoria, la verdad y la justicia.

Al reducir la cifra de víctimas, se intenta relativizar la magnitud del genocidio y con ello, diluir la responsabilidad de actores civiles, económicos y eclesiásticos que aún no han sido juzgados.

Yo diría: es una forma de garantizar impunidad en el presente.

 

Por Jesús Marcelo Delise [email protected] 

El ataque sistemático a la memoria, se transforma en un fuerte cuestionamiento no solo de números, sino de legitimidad, tirando por tierra el trabajo de los derechos humanos que hoy se transforman, en una simple frase que para muchos, advierte negocios impúdicos.

Qué mejor que atacar a las organizaciones de derechos humanos y de las políticas públicas que sostienen sitios de memoria, archivos y programas de restitución de identidad. El golpe constante a la memoria verdad y justicia, son confecciones de falsos profetas que solo buscan llevar el agua para su molino, seguramente porque su plan sistemático no esta alejado del famoso plan de reorganización nacional donde la mejor salida era os vuelos de la muerte y un rio de la plata como tumba para que la historia quedará impune.

 El plan es simple y al momento hasta parece efectivo.

Vaciamiento presupuestario y desmantelamiento institucional como consecuencias concretas de este discurso.

Proyección hacia el presente

El negacionismo no se limita al pasado: habilitas prácticas regresivas en el presente, legitima discursos de odio y erosiona la ética democrática, pero claro, la consigna Son 30.000 y se actualiza en tiempo presente para resistir esa operación y reafirmar que la memoria es parte constitutiva de nuestra identidad colectiva.

Por qué 30.000? - lleca - Periodismo callejeroLa fuerza de la consigna

Decir “Son 30.000” no es una cuestión aritmética: es un acto político y ético, es reconocer que detrás de cada número hay una vida, una militancia, una familia, y que la cifra condensa la lucha de quienes enfrentaron la dictadura, incluso, en su momento más oscuro.

Imperativo democrático

A los 50 años del golpe, el negacionismo se convierte en un síntoma de las democracias contemporáneas: cuando se relativiza el genocidio, se habilitan nuevas formas de violencia y exclusión. Por eso, enfrentar el negacionismo no es solo un deber histórico, sino un imperativo ético y político del presente.

En definitiva, la disputa por los “30.000” es mucho más que un debate historiográfico: es la defensa de la memoria como garantía de que el Nunca Más siga siendo un compromiso vivo y no una consigna vaciada.

 

La dictadura cívico-militar argentina dejó una herida abierta: los treinta mil desaparecidos son el símbolo del terror y del silencio impuesto. Hoy, frente al negacionismo, la memoria y la justicia siguen siendo trincheras imprescindibles.

 

La noche negra del golpe

24 de marzo de 1976: las Fuerzas Armadas derrocaron a Isabel Martínez de Perón, quien fue confinada en la isla Martín García, el régimen, se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional, pero en realidad, fue un plan sistemático de represión, persecución y exterminio.

Noche de los Lápices: 16 de septiembre de 1976

Se instauró un Estado terrorista que anuló libertades, clausuró el Congreso y gobernó con decretos y represión.

Centros clandestinos de detención

ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada): uno de los más emblemáticos, donde funcionó una maternidad clandestina y se perpetraron torturas sistemáticas.

El Olimpo, El Infierno, Pozo de Banfield: espacios de horror donde miles de hombres y mujeres fueron secuestrados, torturados y desaparecidos.

Se calcula que 500 bebés fueron apropiados, nacidos en cautiverio o secuestrados junto a sus padres.

 

Nunca más - Conadep - Comprar en Librería SudestadaEl Nunca Más y la lucha de las Madres y Abuelas

En 1984, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) publicó el informe Nunca Más, que documentó el plan represivo y abrió la puerta a los juicios.

A todo esto: Las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo se convirtieron en símbolos mundiales de resistencia, reclamando verdad, justicia e identidad.

Pero no quedo solo en eslogan desafiante, las Abuelas caminaron y entregaron sus vidas y el resultado fue una luz de esperanza

Su trabajo loro restituir la identidad de más de 130 nietos hasta hoy, y continúan la búsqueda porque no se puede dejar de caminar hasta que la mismísima muerte transforme los hechos en una fuerza demoledora, una luz que brillara por siempre para que cada argentino sepa de dónde venimos y Asia donde vamos.

 

Videla y la lógica del terror

El dictador Jorge Rafael Videla declaró: “El desaparecido no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”.

Seguramente es la frase que sintetiza la perversión del régimen: negar la existencia para borrar la memoria y el reclamo. Cualquier similitud con los dias que corren no es una coincidencia, sino mas bien un siclo que parece cada tanto realimentarse buscando heridas que no fueron curadas como refugio de sus intenciones siniestras.

El negacionismo actual

En los últimos años, sectores políticos como La Libertad Avanza han cuestionado la cifra de los 30.000 desaparecidos y relativizado el terrorismo de Estado.

Este negacionismo busca instalar la idea de una “guerra” entre dos bandos, invisibilizando el carácter sistemático y planificado del genocidio

Frente a ello, cada 24 de marzo, miles de argentinos marchan en defensa de la memoria y contra la impunidad.

 

Conclusión:

La dictadura cívico-militar no fue un accidente histórico, sino un proyecto de exterminio. Los treinta mil desaparecidos son una deuda que la democracia honra con memoria, verdad y justicia. El Nunca Más no es una consigna del pasado: es un compromiso presente frente a quienes pretenden borrar la historia. La lucha de las Madres y Abuelas nos recuerda que la identidad y la dignidad no se negocian. Y hoy, frente al negacionismo, la respuesta es clara: la memoria no se discute, se defiende.

El negacionismo no es un debate académico: es un ataque directo a la memoria colectiva y a la dignidad de los treinta mil. Quienes relativizan el genocidio no discuten cifras, buscan impunidad, pretenden borrar la verdad para reinstalar el terror y frente a ellos, no hay diálogo posible ni negociación: hay memoria, hay justicia, hay resistencia. SON 30.000. FUE GENOCIDIO. Y el Nunca Más no se discute, se defiende con uñas, con dientes, con la palabra y con la calle. Porque si la dictadura quiso desaparecer cuerpos, el negacionismo quiere desaparecer la memoria. Y nuestra respuesta es brutal, cortante, definitiva: no pasarán