Nahuel Gallo, cabo primero de la Gendarmería Nacional, estuvo 448 días detenido en Venezuela bajo el régimen de Nicolás Maduro, su encarcelamiento se dio sin proceso judicial transparente, sin comunicación con su familia y sin asistencia consular efectiva.
Por Jesús Marcelo Delise [email protected]
Finalmente, Nahuel Gallo fue liberado en marzo de 2026 y regresó a la Argentina en un avión privado gestionado por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia.
Durante todo el período de detención, el gobierno argentino encabezado por Javier Milei, no realizó gestiones diplomáticas visibles ni pedidos formales de liberación, no hubo pronunciamientos oficiales de Cancillería, ni acciones de presión internacional. El propio gobierno reconoció, a través de Patricia Bullrich, que “no sabía nada” sobre la liberación de Gallo, lo que expone una ausencia total de política exterior en defensa de un ciudadano argentino.
La liberación se concretó gracias a una gestión paralela de la AFA, que estableció contactos con autoridades venezolanas y logró que Gallo fuera beneficiado por la Ley de Amnistía impulsada por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia, como ya dijimos, puso a disposición un avión privado de la institución para traerlo de regreso al país, la intervención fue presentada como una “vía humanitaria”, legitimada por la propia AFA frente a las críticas del gobierno.
Milei Lejos de reconocer la acción de la AFA, la calificó como una “cuestión de vigésimo quinto orden”, intentando minimizar su relevancia. sin embargo, la realidad es que fue la única gestión concreta que permitió la liberación, el contraste entre la pasividad estatal y la acción de una entidad deportiva, expone una crisis de representación y de responsabilidad política.
Por otra parte, la llegada de Gallo a Ezeiza fue aprovechada por figuras como Patricia Bullrich, que buscó capitalizar el momento con presencia mediática. Su propia admisión de desconocimiento sobre la liberación dejó en evidencia que el gobierno, intentó subirse a un logro ajeno para obtener rédito político.
Lo cierto es que la liberación de Nahuel, no fue producto de la diplomacia argentina ni de la acción del gobierno nacional, sino que fue el resultado de una gestión inesperada de la AFA, que actuó en un terreno donde el Estado se ausentó.
El caso expone una falla grave en la protección de ciudadanos en el exterior y abre un debate sobre la legitimidad de actores no estatales que, ante el vacío oficial, terminan ocupando el lugar que debería corresponder al Estado.
Los hechos no solo expone la indiferencia del gobierno de Milei, sino que deja a la Cancillería argentina patas para arriba, ya que todo quedo al descubierto y su imagen final nos cuenta sobre la ineficiencia de cancillería y la incapacidad de desarrollar conversaciones diplomáticas.
No hubo estrategia, no hubo presión a la hora de mostrar interés, en definitiva, creo que estamos en condiciones de decir que no hubo ningún tipo de defensa a la hora de cuidar uno de los nuestros. Lo que debería ser un trabajo diplomático, terminó siendo la imagen más clara de la ineficiencia estatal.
La versión oficial y las contradicciones
En el Congreso hubo silencio, el presidente hablo en entrevista radial de una supuesta intervención de Estados Unidos, Italia y la Cancillería argentina, sin embargo, no existe un solo cable, documento o fuente oficial que corrobore esa intervención.
Es un relato vacío, un intento de disfrazar la inacción con gestiones fantasma, la realidad, es que el Estado argentino no tuvo participación efectiva en la liberación y hasta parecía que le servía de excusa para seguir en la vereda de enfrente, a la hora de hablar de Venezuela.
Marcela Pagano, otro actor importante en la liberación de Nahuel Gallo, se reunieron con su madre y el hermano, para articular puntos claves, además de ser un ancla de contención que terminaron siendo determinantes a la espera del desenlace final.
Esa acción, junto con la intervención de la AFA y Claudio “Chiqui” Tapia, fue lo que realmente abrió la vía humanitaria con Venezuela, el contraste es brutal: periodistas y una institución deportiva hicieron lo que el Estado no supo hacer.
Lo peor está por venir.
Patricia Bullrich, buscó capitalizar la llegada de Gallo con la foto mediática, pero su propia confesión fue lapidaria: el gobierno “no sabía nada” de la liberación. Esa admisión confirma que el Ejecutivo intentó apropiarse de un logro ajeno, mientras su diplomacia quedaba expuesta como un cascarón vacío.
Tras más de un año de cautiverio en Venezuela, Nahuel Gallo finalmente volvió a la Argentina. Parte de su familia pudo recibirlo, pero lejos de ser acompañado en la reconstrucción de su vida, fueron apartados, ya que la acción inmediata era confinar a Gallo en un edificio de Gendarmería.
Esa decisión abre un interrogante inquietante: ¿se trata de un protocolo de cuidado y seguimiento, o de un intento deliberado de incomunicarlo para controlar el relato?
Después de tanto tiempo de detención, Gallo debería ser escuchado, protegido y acompañado, en cambio, todo indica que el gobierno busca administrar su testimonio para evitar que sus palabras expongan la ineficiencia estatal y la ausencia de gestiones diplomáticas, el aislamiento parece más una estrategia de control político que la búsqueda de medidas de contención humanitaria.
Cancillería en evidencia
La Cancillería quedó expuesta como un organismo incapaz de articular una política internacional sería, Milei habló de supuestas intervenciones de Estados Unidos, Italia y la propia Cancillería argentina, pero no existe y lo repetiremos hasta el hartazgo, un solo cable que respalde esas versiones.
El trabajo diplomático quedó reducido a un simulacro, mientras la liberación se concretó por gestiones paralelas de la AFA, periodistas y la familia.
El caso amenaza con convertirse en un nuevo capítulo de aprietes y silencios impuestos por el gobierno. Gallo, después de 448 días de cautiverio, corre el riesgo de ser víctima de un segundo encierro: el de un relato oficial que lo utiliza como pieza política, en lugar de reconocerlo como ciudadano y víctima de abandono estatal.
La liberación de Nahuel Gallo debería haber sido un triunfo de la diplomacia nacional, pero en cambio, se transformó en la evidencia más cruda de su ineficiencia y oportunismo.
El aislamiento de Gallo en Gendarmería sugiere que el gobierno no está interesado en su verdad, sino en confeccionar un relato que lo proteja de la crítica. La pregunta es inevitable: ¿será Gallo, después de tanto tiempo de cautiverio, víctima de un nuevo apriete, esta vez en su país?


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