Una muerte, que se produce atreves del desprecio a la vida, se llama asesinato.

 
El coronavirus llegó para quedarse, dejando estadísticas de infectados y muertos, que ha sobrepasado cualquier película de Hollywood.
 
 
 
Por Jesús Marcelo Delise
 
 
La cantidad de países, los enfermos infectados y una mirada objetiva, nos enseña que la única forma de enfrentar a este virus silencioso y letal, es evitando el contacto para así no contagiarnos.
 
Quédate en casa, se está transformando en un estilo de vida, para los obedientes que siguen las reglas de los gobiernos, para los más temerosos que cada día se aterran más, gracias a los bombardeos constantes de los medios que buscan concientizar y no advierten que están cruzando la raya un poco, porque el sensacionalismo, es parte de su menú.
 
Pero quédate en casa, es mucho más que eso, es una excusa para los que enfrentan al sistema y amparado por las políticas oportunistas, salen hablando de libertades mientras la muerte hace guardia en las calles, esperando que los huéspedes se acerquen para dar una estocada final.
 
Quédate en casa, es el sueño hecho realidad de un neoliberalismo que siempre soñó con un sistema económico desbalanceado, con individuos aislados, interactuando lo menos posible entre ellos y con el temor deambulando por las calles de cada ciudad, mientras ellos se visten de superhéroes.
 
Lo he dicho hasta el hartazgo, quédate en casa, es la única opción que tenemos para combatir a un asesino silencioso, pero también lo he dicho hasta el hartazgo, quédate en casa, es la desesperación y la desidia para aquellos que menos tienen.
 
Los pobres, los más olvidados, los despreciados por una sociedad que a veces olvida sus raíces y pretende ponerse a la par de quienes a la larga también los despreciaran, los criticados, por el simple hecho de haber nacido en una realidad poco favorable, todos ellos, son los que la están pasando cada día peor y entonces, una enfermedad que se transmitió desde la opulencia, ahora termina siendo aún más verdugo que los verdugos, con aquellos que el sistema viene dándole la espalda.
 
No alcanza con la etiqueta de pobreza, hay que agregarle más a este curriculm marginal. A los pobres hay que arrojarles repelente, hay que encerrarlos en un mundo apartado del resto, en un gueto de ser posible, uno de esos que se transformaban en un pasaje directo a los campo de concentraciones donde se practicaba el exterminio.
 
¿Demasiado crudo? La pobreza es cruda, es mucho más cruda que la pobreza que te pintan por TV, porque la pobreza de la que hablo, habla con lágrimas en los ojos, habla con la dignidad pisoteada, con la esperanza perdida y en muchos casos con la resignación a flor de piel.
 
Ramona Medina, vecina de la Villa 31 y vocera de una organización que justamente defiende a los más olvidados, murió este domingo a causa del coronavirus, pero claro, Ramona sería una de los tantos argentinos que fueron víctima de una pandemia que no se fija en estatus social, solo llega, elige a su víctima y mata, a no ser porque Ramona marcó una diferencia, mostró el lado más deplorable de quienes tienen la responsabilidad de cambiar las cosas.
 
Ramona murió por un virus que afecta a todos, pero también murió por el desprecio a la vida que muchos tienen hacia los más desprotegidos.
 
Mantener la distancia, en un mundo donde todos viven apretados en muy complicado, quedarse en casa cuando no hay para comer es más complicado aún, lavarse las manos mientras se canta dos veces el feliz cumpleaños, es una cargada cuando no hay ni siquiera agua para beber.
 

 

Ramona nos habló a todos y no quisimos escuchar, Ramona nos dijos, no tenemos agua, mientras del otro lado de la vida, un funcionario que tiene la responsabilidad de marcar la diferencia, afirmaba que la villa 31 tenía agua y que lo de Ramona, no era más que una farsa armada.
 
La pobreza, esa que nunca sale por TV y cuando lo hace, es para desarrollar sensacionalismo o pegarle a los gobernante de turnos, esa pobreza, que compran por un par de pesos o una pequeña bolsa de mercadería que solo sirve para engañar a la vida, esa pobreza que no consigue los insumos básicos en todas las postas de salud, esa pobreza que maquillan con programas fantasmas, y promesas que jamás se cumplirán a cambio de un voto, esa pobreza que reprimen o asesinan por la espalda, esa pobreza, no mató a Ramona, a Ramona la mataron los dueños del silencio, los cómplices de la indiferencia, los eruditos de una economía que solo beneficia a un sector de la sociedad.
 
 A Ramona la mato Larreta junto con sus cómplices que mienten y miran hacia un costado, mientras un barrio como la villa 31 ve pasar a la muerte que no conforme con llevarse a Ramona, pretende llevarse a toda su familia hoy internada, jugando a las escondidas con la muerte, mientras da la sensación, que el gobierno de la ciudad más rica de la argentina, decide quién debe morir o vivir.
 
Ramona vivía, junto a su familia, en la casa 79 de la manzana 35 en la Villa 31 y era insulina-dependiente. Parte de su familia, incluida una de sus hijas quién además tiene una discapacidad, hoy, también se encuentra infectada de con covid-19.
 
El COVID-19 ponen en el tapete la forma en que vivimos, demuestra que el neoliberalismo, o capitalismo o como carajo quieran llamarlo, no puede garantizar la vida de la humanidad, no podía antes, en el día a día, con las guerras y el hambre; y no puede ahora, con la pandemia.
 
El coronavirus nos pone cara a cara con la muerte, mientras nos muestra los números de la economía mundial a la baja, nos pone cara a cara con las miserias humanas y nos asegura que ya nada será como antes.
 
El coronavirus es un asesino serial, pero no olvidemos que la indiferencia también mata, no olvidemos que allí afuera, no solo está el coronavirus, están los miserables, están los que pretenden demostrar que de un lado viven los negros villeros y del otro lado viven ellos, olvidándose que todos sangramos de la misma manera y que a la hora de ser enterrados, no importa donde ubiquen nuestro cajón, en un nicho, en una bóveda o bajo tierra, todos seremos devorados por los gusanos.
 
Quédate en casa y una hermosa mujer cocinando pastelito, una pareja de ancianos jugando con su perro, o un padre invitado por sus hijas a compartir el té imaginario. La TV sabe vender y muy bien lo que quiere vender. Pero Claro, Ramona no tenía agua, no podía lavarse siquiera las manos y los medios no dijeron nada, o dijeron muy poco.
 
Para terminar. solo nos resta preguntarnos como lo hicieron sus compañeros de la Garganta Poderosa, ¿ Y ahora, quién carajo nos explica cómo seguir, cómo seguirá su familia íntegramente internada, cómo seguirán sus hijas Maia y Guada, en silla de ruedas, contagiada, con oxígeno, con discapacidad, sin hablar, totalmente dependiente ahora sin su madre?
 
 
 
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