SIN LA ESCUELA…LA SECUELA

El mero capricho de enmarcar conceptos de modo unilateral, delimita también el discurso del que somos parte, bien como oyentes, bien como docentes.

Se escucha y se lee sobre la vuelta a clase, sobre su necesaria recomposición y el encuentro indispensable entre niñ@s y jóvenes para una íntegra convivencia. Se establece pues, que a esta altura el año está perdido y con él, quienes concurren a las instituciones escolares. No pocas voces se han alzado al respecto en pos de la salud, a la vez que la respuesta sella a está salud con mental. Deja en la palestra, pues, que el aislamiento repercute en forma directa sobre la salud mental lo que no se puede negar, pero sí es indispensable remarcar que la acción llevada a cabo dentro de las escuelas en plena pandemia, no es privativo de tal o cual miembro sino de la acción mancomunada del colectivo educativo que, en un atisbo de alojarse en la trinchera ahí en la nívea línea de la lucha, se preocupa por cada estudiante indistintamente de su realidad social.

La conectividad ha generado alguna clase de desconexión con la verdad que fuerza a los pensamientos hacia el sentido del discurso que se quiere imponer. El regreso a la presencia dentro de la escuela por parte de las generaciones más jóvenes engloba un paso importante para el apoderamiento de los espacios en tiempos reales desde donde establecer vínculos interactivos, pero no es el único.

La transición escolar de este año lectivo jamás será perdida dado que empezó en marzo y nunca se interrumpió. Por el contrario, ha sido y es un año de inconmensurable lucha. Sí, en efecto se ha debido luchar para comprender a la distancia, leer entre líneas muchos de los mensajes que circulan, tal al que hoy hacemos referencia, y posicionarnos frente a la realidad, que no es más que una construcción social.

Ante tanto dicho, habitar la escuela no siempre quiere decir pisarla, tocarla, adornarla. También se hace escuela cuando se ponen en tela de juicio discursos repetitivos y cerrados al diálogo, cuando se manifiesta el espíritu crítico frente a la falsedad y cuando se aprende más allá de una tabla de multiplicar.

Hemos aprendido y seguiremos aprendiendo que si no reflexionamos sobre estos dichos no inocentes, permitimos su réplica sin argumentación. Va entonces el mensaje contrario al subliminal de turno.

Nada se ha perdido, nada empieza de cero, los aprendizajes están a flor de piel. Es probable que las clases continuen su ritmo en un espacio en común no on line, dejando en claro que continuar no es empezar sino seguir caminando. Negar esto es negar la acción de miles de docentes, niñ@s y jóvenes que entregaron más que tiempo en esta época y no es justo dejarlo pasar. El silencio es cómplice de las injusticias y las violencias.

Mg. Sandra Balossi

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