Primer año de Alberto Fernández: deuda, pandemia y los “logros invisibles”

Luego de un 2020 en el que el 90% de las decisiones estuvieron vinculadas a la pandemia, el Gobierno apuesta a la aprobación del proyecto de IVE y el operativo de vacunación como cierre de la primera etapa de gestión. La dificultad para comunicar y las fisuras del Frente de Todos, los principales desafíos a resolver.

 
Por Cecilia Camaranoccamarano

Si los pronósticos se mantienen, en los próximos días el Congreso convertirá en ley el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo del Ejecutivo y, posteriormente, se dará inicio en el país a la campaña de vacunación más grande de la historia. Ambos eventos marcarán el punto de quiebre a partir del cual se analizará de aquí en más el primer año de Alberto Fernández en la presidencia: el primero porque será sin duda uno de los mayores hitos de su gobierno; el segundo, porque permitirá empezar a dejar atrás la pandemia del coronavirus, que sin dudas marcó el compás de la política en este 2020. Sin embargo, los números redondos obligan a hacer balances y acá estamos, analizando un año de resultados fluctuantes en materia política, en donde pocas cosas pudieron pensarse por fuera de lo que fue el coronavirus.

Según el repaso de Casa Rosada, el 90% de las decisiones que se adoptaron hasta ahora estuvieron vinculadas de manera directa o indirecta al coronavirus. No hay una autocrítica en ese sentido, aseguran, pero sí un problema, y es que los principales logros en ese sentido fueron “invisibles”. “Se evitaron muertes, colapsos en la salud pública y la caída de muchos argentinos en la pobreza e indigencia”, señalaron a Ámbito. Pero claro, esta lista de logros es en términos comunicacionales muy difícil de transmitir. Es justamente en este punto donde está hoy uno de los principales focos de discusión al interior del Frente de Todos: en la necesidad de construir un relato que hilvane lo hecho hasta ahora y lo que vendrá, algo que dista mucho de los viernes de filminas a los que se acostumbró Alberto Fernández.

Desde que comenzó la pandemia hasta el cierre de este artículo, Argentina acumuló 1.469.919 casos positivos y un total de 40.009 muertes por la enfermedad. Durante el mismo período, el Presidente encabezó 18 anuncios referidos a las medidas sanitarias. La foto de cada uno sirve hoy como registro de cómo evolucionaron las relaciones de poder en el plano político, comenzando por un apoyo explícito de las fuerzas de la oposición que dio paso a una tríada Nación-Provincia-Ciudad, la cual mantuvo una tregua hasta que se desató el conflicto por la coparticipación, y dejando a su paso a un Rodríguez Larreta fortalecido al interior de un PRO que todavía no termina de reconstruirse. Pero vamos por partes.

El domingo 1 de marzo, mientras Alberto Fernández exponía cuáles serían los ejes de su gestión en la apertura de las sesiones ordinarias, un hombre de 43 años proveniente de Milán arribó a Buenos Aires con el virus. Para entonces, la enfermedad no era materia desconocida para el Gobierno, que venía manteniendo reuniones periódicas por el tema desde enero. Sin embargo, todavía no se preveían las dimensiones de lo que vendría y fue entonces que el Jefe de Estado preparó un discurso que tuvo como ejes la deuda externa, la reforma judicial y el aborto.

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en la apertura de las sesiones ordinarias.

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en la apertura de las sesiones ordinarias.

Apenas días más tarde (precisamente el 12 de marzo) el Presidente encabezaba algo impensado: una segunda cadena nacional en la que anunciaba la emergencia sanitaria. Lo acompañaban detrás de cámara los ministros de Salud, Ginés González García; de Interior, Eduardo De Pedro; el jefe de Gabinete Santiago Cafiero; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz; el secretario General de Presidencia, Julio Vitobello; su vocero Juan Pablo Biondi y el asesor presidencial Alejandro Grimson. Ese día Fernández realizó dos promesas. La primera de ellas era que todos los días se emitiría un parte con “información precisa” sobre la situación de la pandemia. La segunda, que el Estado iba a “acompañar a todos”.

Gestión de la pandemia

Las tres etapas del IFE implicaron una erogación total de $265.171 millones y alcanzaron a más de nueve millones de personas. Junto con el programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), ambas iniciativas se convirtieron en los caballitos de batalla del Gobierno en materia de contención social ante el parate que la pandemia representó en la economía. Según afirman desde Casa Rosada, el pago del beneficio que otorga ANSES evitó que millones de argentinos y argentinas cayeran en la pobreza e indigencia. Pese a esto, el 34,9% de los hogares y el 44,2% de las personas se encuentran por debajo de la línea de la pobreza al cierre del tercer trimestre del año, por encima del 32,1% y 40,8% registrado en igual período de 2019, según el Observatorio de la UCA. Bajar las estadísticas de pobreza fue una de las promesas de campaña de Fernández, ratificada en su discurso congresal, con lo cual los próximos años serán clave en este punto y en gran medida, determinarán el éxito o fracaso de la gestión.

El combo económico que recibió el Frente de Todos se completaba con desempleo en alza, altos niveles de inflación y una deuda externa abultada. Es precisamente en este último punto en donde el Gobierno anotó el primer tanto. La reestructuración con los acreedores internacionales significó la primera victoria. Aunque el acuerdo no tuvo el efecto de impulso que se pretendía lograr como disparador de la economía, en agosto Alberto Fernández aprovechó la ocasión para encabezar una fuerte foto política de carácter federal en la que presentó el detalle de adhesión al canje y enumeró los nuevos ejes de gestión, en lo que fue el lanzamiento oficial de la agenda pospandemia.

Alberto Fernández presentó en agosto los resultados de la adhesión al canje junto con Cristina Fernández de Kirchner y gobernadores. El acto sirvió de impulso para lanzar la agenda pospandemia.

Alberto Fernández presentó en agosto los resultados de la adhesión al canje junto con Cristina Fernández de Kirchner y gobernadores. El acto sirvió de impulso para lanzar la agenda pospandemia.

De hecho la agenda de la pospandemia comenzó a escribirse días antes de ese acto en el Museo del Bicentenario, cuando el Jefe de Estado cambió el formato de anuncio de extensión de la cuarentena y difundió un breve mensaje a través de sus redes sociales. Su regreso a Casa Rosada y la vuelta de los viajes al interior completaron el cuadro. Apenas semanas después, la tregua entre el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, con los gobiernos nacional y bonaerense, llegaba a su fin mientras el interior del frente también se erosionaba.

Relaciones de poder

El anuncio oficial del envío de un proyecto de ley al Congreso para redistribuir los fondos coparticipables marcó el fin de la mesa de tres que supieron lograr Fernández, Kicillof y Rodríguez Larreta. Si bien los tres siguieron reuniéndose periódicamente por temas vinculados a la pandemia, la relación se quebró tras la reducción de los fondos que finalmente se aprobó en el Congreso, y que la ciudad apelará en la Corte Suprema. El distanciamiento del Jefe de Gobierno porteño lo posiciona como líder en el tablero de una oposición que no se termina de definir. Pero no es la única.

El presidente Alberto Fernández junto al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Una postal habitual de la primera mitad de 2020.

El presidente Alberto Fernández junto al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Una postal habitual de la primera mitad de 2020.

El 27 de octubre se cumplió un año de la victoria del Frente de Todos en las PASO y diez de la muerte de Néstor Kirchner. El doble aniversario exigía un balance pero también resultados y de ambas cosas se encargó la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien un día antes del acto en homenaje al exmandatario publicó una carta en la que pidió acelerar el amplio acuerdo multisectorial al que se comprometieron en la campaña. Al mismo tiempo, la titular del Senado habló de “funcionarios que no funcionan”, una crítica a algunos miembros del Gabinete que no era nueva (ni tampoco la única en emitirla) pero sí, esta vez, pública. Semanas más tarde, Jorge Ferraresi se alzaba como titular de la cartera de Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat en detrimento de María Eugenia Bielsa, quien se sumó a la lista de cambios de Alberto tras la remoción (a fines de abril) de Hernán Vanoli de ANSES.

Otro de los hechos que expuso las diferencias al interior del frente fueron las tomas en Guernica y las contradicciones a la hora de encarar el conflicto, que todavía no terminaba de resolverse cuando Grabois se aliaba con Dolores Etchevehere en el denominado “Proyecto Artigas”, en el marco de una disputa en la familia del ex ministro de Agricultura de Macri, Luis Etchevehere.

En el ejercicio de balance que realizan en Casa Rosada figura en la lista de autocríticas Vicentin y la reforma judicial. Si bien todavía guardan esperanzas para la segunda, el comentario es el mismo: “No se supo leer el momento o el escenario”. Respecto de la primera, las discusiones sobre a quién le cabe la responsabilidad de la jugada todavía no fueron saldadas.

Así las cosas, el verdadero desafío para el gobierno de Alberto Fernández es el que está por venir. Con un plan de vacunación encaminado, la nueva normalidad del Frente de Todos pasará por repensar una agenda nueva y una estrategia para llevarla a cabo. Pero lo más importante tal vez, es cómo la coalición gobernante encarará la tarea de saldar sus propias contradicciones internas de cara al año electoral, para garantizar así la unidad que los frentistas tanto pregonaron.

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