En Presidente Derqui, en el barrio Toro, un grupo de vecinos ha logrado comprender la diferencia entre Decir y Hacer.

Ser solidario no cabe duda, es un camino de crecimiento personal y espiritual, es ser partícipe de uno de los valores más importante a la hora de relacionarse socialmente, la solidaridad, está emparentada con la compasión y con la generosidad, es un camino donde se comparte los ánimos de cooperación para brindar esa mano amiga y desinteresada, a una persona necesitada en su mayor momento de vulnerabilidad, es apartarse de todo tipo de prejuicio personales, para dejarse llevar por el amor, Corriendo a un costado, las necesidades propias simplemente para pensar en nuestro semejante.
 
 
 
Por Jesús Marcelo Delise
 
 
El tema de las ollas populares, claramente es un tema abordado desde todos los extractos y en más de una oportunidad, hemos tratado de escribir sobre participaciones de grupos solidarios que trabajan sin pedir nada a cambio.
 
La pandemia de coronavirus, trae consigo un incremento de la pobreza y la pobreza, pega en donde más duele. El hambre, es el resultado de una sociedad injusta donde la balanza se inclina más para unos pocos y deja en el olvido al resto, el coronavirus, ha potenciado a su máxima expresión esta realidad.
 
No podemos decir que el gobierno de Pilar se mantiene alejado de los vecinos más vulnerables, pero si podemos afirmar, no se puede poner parches, donde las necesidades de nuestros vecinos reclaman toda la atención disponible.
 
Una bolsa de alimentos para paliar las dificultades.
 
En paquete de arroz, uno de fideos, un kilo de azúcar, una lata de puré de tomate y otra de arvejas o choclo cremoso, un paquete de lenteja, un kilo de harina, un kilo de polenta, con suerte un litro de leche y un litro de aceite.
 
Todos estos productos, dan como resultado, un rebusque de no más de tres o cuatro días de mala alimentación y claro, la pregunta obligada es, estos vecinos en extremo estado de vulnerabilidad ¿qué hacen los 26 días restantes?
 
No pretendo con esta redacción ser reiterativo, pero ante la realidad sumergida en la desesperación, me veo obligado a insistir, quédate en casa, puede hasta ser placentero para los que tienen sus vidas medianamente organizada, pero un verdadero infierno para quienes depende de lo que hagan día a día para llevar un plato de comida a la mesa de sus familias.
 
Los que menos tienen, siempre son los más solidarios.
 
En presidente Derqui , allí por la calle Pilcomayo entre cuba y Dinamarca, un grupo de mujeres, amparadas solo por esa infinita necesidad de compartir, ha logrado comprender la diferencia entre Decir y Hacer.
 
No buscan palmaditas en la espalda, tampoco una aprobación de lo que hacen, solo tomaron la decisión de cubrir ese lugar que debería estar cubierto por el estado.
 
La realidad es simple, la ayuda llega, pero lo que llega no es suficiente y uno, no puede sentarse a esperar que el bolsón de mercadería que el municipio reparte, se estire más de lo que puede estirarse., la gente tiene que comer, los más pequeños necesitan un vaso de leche o un plato de comida calentito
 
Cabe aclarar, el municipio de Pilar, también coopera con estos grupos de personas comprometidas con alimentos no perecederos, pero claro, como dijimos anteriormente, no alcanza.
 
Todo los días, desde muy temprano, hombres y mujeres del barrio Toro, se juntan en la plaza de Pilcomayo y Cuba, un lugar que debería ser para la recreación, pero que ante la realidad tan compleja, se a transformado en un comedor improvisado, donde más de 200 vecinos se acercan para obtener su vianda diaria y su vaso de leche calentita.
 
El gobierno Nacional han tomado diferentes medidas que van desde limitar la movilización, hasta cuarentenas totales, en un intento por detener la propagación del Covid-19, pero claro, las medidas sanitarias, implementadas para evitar la propagación del virus, tienen consecuencias alarmante sobre la población y el hambre, es el resultado de un mal funcionamiento de los sistemas alimentarios.
 
En Pilar, las diferencias sociales son demasiado notorias, están los que tienen demasiado y están los que solamente saben resistir los envistes de las políticas mezquinas, donde el reparto tan desigual, deja en claro que la grieta es mucho más que ideológica.
 
El que menos tiene, siempre es el más solidario.
 
Un vecino se acerca y trae un paquete de fideo y otro un kilo de cebolla, una niña de no más de 12 añitos, colabora con dos papas, si, leyó bien, dos papas, un inmenso aporte a una realidad cruel y desigual.
 
«Cuando cobro, destinos unos peso para aportar algo» nos dice Yoli, una de las mujeres que tomó la posta y empuja con todo lo que tiene para que su barrio tenga un poco de alivio entre tanta decidía. «A veces compro unos cinco o seis paquete de fideos o arroz y unos cuanto kilos de harina, otras trato de comprar un poco de carne o pollo que es más barato, y así, con un poquito de cada uno, logramos llenar un par de ollas y repartir todo los días unas 200 vianda y a la tarde un vaso de leche con algunas galletita cuando alguien nos dona,o unos pancitos cortado en rodajas para que rinda un poco más»
 
Yoly nos cuenta una historia que nos entristece, «ayer, vino un hombre de unos 50 años y se me puso a llorar» y continuaba diciendo «el hombre me decía que hace un par de meses se quedó sin trabajo y estaba haciendo changas y ahora, con esto del coronavirus, no tiene ningún ingreso, incluso no recibió ningún tipo de ayuda que el gobierno destino para los más necesitados» «es que hay muchos hombres y mujeres que no calificaron para obtener los 10 pesos que daba el gobierno, vale decir, hay muchas familias se quedaron afuera de todo»
 
Yoli un poco con una sonrisa y otro poco con una mirada que dispara mucha tristeza, nos muestra una realidad que no comenzó con la cuarentena, o con un virus asesino, sino que es el resultado de políticas que desprecian la vida y los derechos fundamentales para vivir en plenitud.
 
La solidaridad, no suele considerarse una obligación o un mandato, sino un acto voluntario, ahora existe no obstante, un compromiso moral en quienes disponen de recursos para ayudar a otros a superar una situación crítica.
 
El estado, es el primer responsable de que cada vecino de Pilar tenga sus derechos básicos, que es el derecho a tener una buena alimentación así como el derecho a la educación y la salud.
 
La solidaridad, es un requisito en la construcción de relaciones afectivas profundas como el amor o la amistad, dado que generan agradecimiento e incluso un compromiso de reciprocidad en quienes reciben la ayuda desinteresada.
 
La solidaridad, es un valor ampliamente fomentado, como remedio a los males del individualismo y el egoísmo sobre todo, dentro del funcionamiento de las políticas mezquinas que han dirigido su mirada a sus amigos más cercanos y se olvidaron que cada argentino, es un hermano que debemos asistir y proteger.
 
En una esquina del barrio Toro en Presidente Derqui, por la calle Pilcomayo entre Cuba y Dinamarca, justo en la esquina donde una plaza destinada a la recreación se transformó en un comedor comunitario, todos los días y a puro pulmón, un grupo de vecinos ha logrado comprender la diferencia entre Decir y Hacer.
 
Hemos hablado mucho sobre las ollas populares, y lo seguiremos haciendo porque es nuestro deber concientizar y entender, que de esta salimos todos unidos.
 
Esperamos que los que tienen el poder para transformar la realidad de nuestro pueblo, también lo entiendan y se acerquen, para comprender cuan grande es la diferencia entre decir y hacer.
 
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