El brutal crimen del Padre Mugica: una misa, disparos, su último gesto y la pregunta sin respuesta tras casi 50 años

El 11 de mayo se cumplen 47 años de uno de los asesinatos que conmocionaron a la sociedad argentina y que no fue más que un reflejo de la violencia con la que se vivió una década que aún duele. El trágico final de una de las figuras más importantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Mugica nació el 7 de octubre de 1930 en Buenos Aires.

El 11 de mayo de 1974 fue asesinado, en circunstancias que aún no son del todo claras, el Padre Carlos Mugica quien supo ser una figura importante en las luchas populares argentinas de las décadas de 1960 y 1970. Su trabajo comunitario se centró en la Villa 31, actual Barrio 31, donde fundó la parroquia Cristo Obrero además de ser uno de los precursores del movimiento de curas villeros. Un repaso de su vida, su vínculo con Montoneros y cómo la causa que abrazó por casi 20 años le terminó costando la vida.

Carlos Francisco Sergio Mugica nació el 7 de octubre de 1930 en Buenos Aires y fue uno de los siete hijos del matrimonio conformado por Adolfo Mugica y Carmen Echagüe. Nació en el seno de una familia de buen pasar lo que le permitió cursar sus estudios en el prestigioso Colegio Nacional de Buenos Aires donde terminó el secundario para luego comenzar la carrera de Derecho en la UBA, la misma la dejaría a los 21 años para ingresar al Seminario Metropolitano de Buenos Aires y seguir su verdadera vocación.

Padre Carlos Mugica, Barrio 31, historia argentinaEl cura en lo que hoy se conoce como Barrio 31 donde realizó la mayor parte de su obra. 

El 20 de diciembre de 1959 fue ordenado sacerdote por el cardenal Antonio Caggiano en la catedral de Buenos Aires. Entrada la década del 60 fue asesor espiritual de la Juventud Estudiantil Católica del Colegio Nacional de Buenos Aires y de la Juventud Universitaria Católica de la Facultad de Medicina. Fue en la JUC donde comenzó a tener contacto con jóvenes como Carlos Gustavo Ramus, Mario Eduardo Firmenich y Fernando Abal Medina que luego fundarían la organización guerrillera Montoneros.

Mugica formó parte de los 270 sacerdotes que a finales de diciembre de 1967 adhirieron al Mensaje de los 18 Obispos del Tercer Mundo, meses después pasó a llamarse Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y conformaron un Comité organizador. Con el tiempo el cura se alejaría de dicho movimiento debido a su rechazo a promover la lucha armada que muchos de dicho espacio adherían. En el libro Nuestra Santa Madre, que cuenta la historia de la Iglesia Católica en Argentina, se cita una conversación que dio a conocer una amiga suya personal – Elena Goñi – que mantuvo con miembros de Montoneros tras el regreso de Perón“Se acabó esta joda. Ahora que el gobierno es constitucional, ustedes se meten los fierros en el culo…”.

Padre Carlos Mugica y Juan Domingo Perón, historia argentinaMugica junto a Juan Domingo Péron.

Durante el gobierno de Juan Carlos Onganía, en 1969, se decretó el estado de sitio. Carlos junto a Reinaldo Conforti, quien era asesor nacional de Juventud Obrera Católica, declararon en nombre del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo de Buenos Aires que se trataba de una situación de tiranía y que un gobierno, que se decía católico, “sería responsable de que un pueblo religioso y creyente se volcara por desesperanza al ateísmo y al materialismo”.

Cuenta el periodista e investigador, Juan Bautista Tata Yofré, que “en 1972 integró la delegación que acompañó a Juan Domingo Perón en su primer retorno a la Argentina del 17 de noviembre”. Un año después “se le ofreció ser candidato a diputado nacional por el peronismo de la Capital Federal, pero no acepto. Sin embargo, en ese tiempo, entre otras actividades, Mugica fue miembro del directorio editorial de Liberación, órgano del ERP-22 en abril de 1973, junto con monseñor Jerónimo Podestá, Gustavo Roca (amigo íntimo del Che Guevara), Rodolfo Walsh (jefe de Inteligencia de Montoneros), Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde (abogados del PRT-ERP y editores de la revista Militancia) y el escritor Julio Cortázar”.

Padre Carlos Mugica junto a Cortázar, historia argentinaMugica partició activamente en causas sociales de la época y compartió encuentros con figuras como Julio Cortázar. 

El 11 de noviembre Mugica brindó una nota a una radio local de Chivilcoy que no pasaría desapercibida, en la misma criticó a la organización montonera y le atribuyó el crimen de José Ignacio Rucci en septiembre de 1973: “Para mí muchos de los guerrilleros tampoco son pueblo, son pequeños burgueses intelectuales que aprenden la revolución en un libro y no en la realidad, ¡y juegan con el pueblo! ¡Juegan con el pueblo! ¡Le quitaron la alegría tremenda de experimentar a Perón presidente dos días después de haber sido elegido! Y crearon un clima imperdonable de miedo, un error tremendo de la burocracia montonera, la nueva burocracia. ¿Quién mató a Rucci? ¡Los montoneros! No es que yo opino, ¡Lo sé! Los montoneros lo hicieron saber directamente”. Pero Montoneros no era el único “enemigo visible” que ganaba el cura villero. Como se cuenta en el libro Entregado por nosotros: Montoneros y el asesinato del padre Carlos Mugica, para la misma época la publicación El Caudillo (cercana a José López Rega) intentaba inculparlo por no presentar comprobantes de pago de materiales que se usaron en las villas, algo que fue totalmente desmentido.

En la publicación N°38 de la revista Militanciaeditada por Montoneros, del 28 de marzo de 1974 se mencionaba al cura en la sección Cárcel del Pueblo que usualmente se utilizaba para denunciar a los “enemigos de la Revolución”. En dicho fragmento se referían a Mugica como una persona que trataba “de ser al mismo tiempo un conservador progresista, un oligarca popular, un cura humilde y bien publicitado, un revolucionario y defensor del Sistema” y agregaba que “por todo lo expuesto, quede Carlos Mugica preso en la Cárcel del Pueblo“. 43 días después fue asesinado.

Eran pasadas las 20:00 del 11 de mayo de 1974, Carlos salía de la iglesia de San Francisco Soldano en Villa Luro tras ofrecer misa. No estaba solo, lo acompañaba su amigo Ricardo Rubens Capelli cuando un hombre bajó de un Chevy verde y les disparó en reiteradas ocasiones con una pistola automática. Mugica recibió más de 5 tiros: en el abdomen, en el centro del pecho, en el codo y brazo izquierdo, en uno de los pulmones y en la espalda. A pesar de la brutalidad de su ataque llegó consciente al hospital Juan F. Salaberry donde fue atendido por el médico Marcelo Larcade y quien reveló su último gesto que hablaría de lo que fue como persona: le pidió que primero opere a su amigo que también había sido herido. “Yo no quiero que me operes a mí antes que a él”, le dijo.

Parroquia San Francisco Solano, Padre Carlos Mugica, historia argentinaIglesia San Francisco Solano donde fue asesinado, actualmente una placa recuerda el hecho.  

A pesar de los esfuerzos de los médicos y de una operación de más de dos horas, Mugica fue declarado muerto a las 21:50Su amigo, aquel por el cual había pedido prioridad en la atención antes que a él, fue trasladado al hospital Rawson donde los especialistas pudieron salvarlo. Hace 7 años Capelli dio una charla en la Escuela de educación media en Junín y recordó: “Me hicieron 14 operaciones en dos días. Seis con anestesia y ocho sin nada. Mi anestesia era morder un trapo o algo”.

La ambulancia con el cuerpo de Mugica en el hospital Salaberry en la noche del 11 de mayo de 1974La ambulancia con el cuerpo de Mugica en el hospital Salaberry, foto LA NACIÓN.

El domingo 12 de mayo, una multitud de acercó a la iglesia San Francisco Solano para despedir al padre MugicaEl domingo 12 de mayo, una multitud de acercó a la iglesia San Francisco Solano para despedirlo, foto LA NACIÓN.

Capelli en esa misma charla relató que recibió la visita del yerno de López Rega, algo que tomó como una amenaza: ” A mí me sacaron al Rawson a los tres días después de que vino el yerno del Brujo, Jorge Conti, a verme. Me dijo: “Ricardo, ¿viste lo que le pasó a Carlitos?” y así yo me entero de que Carlos había muerto. A mí me lo estaban escondiendo. “Mirá –me dijo–, yo vengo de parte de don Pepe para lo que necesites” y tras dicha visita reveló que les dijo a sus amigos “sáquenme de acá y así todo entubado como estaba, rodeado de canas, me sacaron”.

 

Poco se supo de la verdadera autoría del crimen o en realidad poco interés hubo en resolverlo. En febrero de 2016 la jueza María Servini de Cubría condenó por el delito de asociación ilícita, por haber pertenecido a la Triple A, a Jorge Héctor Conti, Carlos Alejandro Gustavo Villone, Julio José Yessi, Norberto Cozzani y Rubén Arturo Pascuzzi. En el juicio quedó acreditado que esa organización parapolicial realizó el asesinato del padre Mugica.

El cuerpo del padre Mugica, que fue sepultado en Recoleta, regresa a la Villa en 1999, para descansar en la parroquia Cristo ObreroEl cuerpo de Mugica regresa a la Villa en 1999,actualmente descansa en la parroquia Cristo Obrero, foto LA NACIÓN.

Pero eso no es todo ya que en un artículo para Infobae el periodista Yofré menciona un encuentro entre Rodolfo Galimberti, exmiembro montonero, y López Rega en Francia. El mismo fue relatado por María Elena Cisneros Rueda, pareja de “El Brujo”, quien recordó cómo su esposo le preguntó a Galimberti por qué habían matado a Mugica, Rucci y Villar (en referencia al grupo guerrillero) a lo que este le respondió, siempre según Cisneros Rueda, que “no te entendimos”.

Padre Carlos Mugica, historia argentinaEl cura estaba próximo a cumplir 44 años cuando fue asesinado. 

Mugica fue uno de los tantos argentinos que sufrió en primera persona la violencia de aquellos años, una violencia que aún sigue atormentando con heridas sin sanar. El “vale todo” fue por mucho tiempo la excusa para aplicar un salvajismo que solo se agravaría en los años venideros. Como pasó con tantos crímenes en los 70s aún quedan preguntas sin responder sobre lo que verdaderamente pasó. Pero algo es seguro y es que el cura fue un hombre de fe, pero hombre al fin, que cometió un solo pecado: estar al servicio del otro, ayudar e involucrarse en una causa que siempre creyó suya

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