Diego, siempre será el dios Argentino

Maradona fue el quinto de ocho hijos, y primer varón, del matrimonio entre Diego Maradona (1927-2015) y Dalma Salvadora “Tota” Franco (1930-2011). Sus hermanos Raúl y Hugo también fueron futbolistas. Nació el 30 de octubre de 1960, circunstancialmente en el Policlínico Evita, de Lanús.
 
 
 
Por Jesús Marcelo Delise
 
¿Una editorial sobre Futbol? y no, realmente no es lo mío, ¿una editorial sobre el mejor jugado con la camiseta de boca? Y no, yo soy de Racing ¡pero! ¡ para, para, para un poco!!!!, el 10 estuvo en Racing y claro, el mejor del mundo tenía que pasar al menos como técnico por mi querida acade, pero por el momento, dejemos a Racing de lado y sigamos con el relato.
 

Muchos sin lugar a duda van a escribir grandes relatos sobre el 10, y yo, y yo solo podría hablar de futbol desde lo pasional y lo peor, jamás podría ser objetivo, aunque hoy, simplemente me atrevería a preguntar, ¿Quién podría dejar el corazón de lado a sabiendas que el 10 ya no estará en carne y hueso con nosotros? Lejos estoy para hablar de fútbol.

 
Hoy falleció Diego Armando Maradona, «el 10»
 
El 10, héroe de todos los argentinos.
Por el primer gol a los ingleses («La mano de Dios»)
Por el segundo gol a los ingleses («El gol del Siglo»)
Por levantar la Copa del Mundo.
 
Pero claro, el 10 es mucho más que eso, el 10 fue mucho más allá de toda reflexión, fue a lo más alto donde las miradas quedan atónitas sin poder diferenciar entre lo humano y divino “El más humano de los dioses”, cito Eduardo Galeano y tenía razón.
 

Hay una generación que hablo, de Jairzinho, de Karl-Heinz Rummenige o de Paolo Rossi, hay una generación que hablo de Socrates, de Sandro Kocsis o de Bobby Charlton, hay una generación que hablo de Zico, de Ferenc Puskas, o de Michel Platini, hay una generación que hablo de Eusebio, de Gerd Muller de Zinedine Zidaneo o de Garrincha, hay una generación que hablo de Franz Beckenbauer, de Alfredo Di Stefano, o de Pelé, pero claro, hay una generación que vio jugar a Diego Armando Maradona.

 
Hay una generación que descubrió su increíble surda, su inmensa pación, su infinita fuerza para caer y levantarse una y otra vez de las adversidades. Hay una generación que lo vio desafiar a los poderosos, mientras se codeaba con los de abajo.
 
En el 86, el 10 dejo su sello y genero una alegría enorme para el país. Argentina, venia de una guerra que nunca tenía que haber existido haya por el año 82, una guerra contra Inglaterra por las Malvinas que no fue otra cosa que la peor cara de los gobiernos nefastos que arranco el 24 de marzo de 1976.
 
Al logro deportivo se lo consideró como «justicia», por la cantidad de vidas perdidas en una guerra mal parida. La población argentina necesitaba una alegría, tras pasar por la infame dictadura militar donde se torturó, secuestró y asesinó a una cantidad indeterminada de personas. y lo cierto es que tuvo su mayor epicentro en una guerra mal fabricada que marco para siempre a la historia de este país.
 

Por aquel entonces, la democracia estaba muy presente en el bolsillo y el estómago del ciudadano. Era una época que sólo podemos contar aquellos que sabíamos decir que dios había dejado nuestras tierras y ya no era argentino, pero dios sabe mostrarse de mil manera y casi puedo asegurar, que esta vez, lo aria a pura gambeta.

 
Diego fue un hombre cargado de facultades y es lógico, con semejante don, la cosa no podía ser tan fácil para él. Su vida entera ha sido una tragicomedia, y en cada uno de sus actos, el más grande callo y se levantó una y otra vez sin protestar.
 
El adiós a Diego Armando Maradona, no es únicamente el adiós a uno de los mejores futbolistas de la historia, es el adiós a un icono, a un personaje que trasciende lo deportivo.
 
El tiempo, pone a cada uno en su sitio según la sabiduría popular, Diego Armando Maradona, el futbolista más idolatrado de la historia, es una metáfora argentina que ilustra la historia de quienes somos en realidad, Diego es un dios caído, que creció descalzo y cuya heroicidad de 1986 le coloca en el Olimpo de los próceres argentinos.
 
De joven participe en un retiro de carácter religioso conocido como cursillo o colores, donde un fuerte fin de semana largo, nos enseñó que la culpa era nuestra, pero aun así, teníamos el perdón divino si tan solo nos atreviéramos a dar un poco de nosotros a quienes más nos necesitaba.
 
Fue así como al terminar el cursillo, nos juntamos con algunos que participaron de aquella jornada 26 y nos propusimos trabajar por los locos, vale decir, por aquellos que se encontraban atrapados en el mundo de la droga.
 
En 1983 Nacía Fundación Viaje de Vuelta, uno de los centros más importante de atención al toxico dependiente, que trabajaba a la par del Programa Andrés del Tano Noveli y de Cenareso, lugar donde terminaban los dependientes judicializados.
 
Primeros fueron algunas salas de reuniones, después acuerdos con el estado y para el año 1986 nuestra primera casa de internación en Mendoza 505 Morón.
 
Un día antes del debut de Argentina, un programa muy popular Conducido por el Doctor Mario Socolinsky nos hiso una entrevista en nuestra casa de internación, donde recibíamos a la primera camada de residentes, algunos ingresado por cuenta de sus familiares y otros, por derivación de distintos juzgados de menores.
 
La entrevista termino al medio día y pasada las 13 horas, el primer piso de la casa de internación de Mendoza 505 Morón, tomo fuertes dimensiones en los medios de comunicación debido a un incendio que comenzó en la planta alta de la casa.
 
Una estufa de combustión a querosene, mordió una de las colchas de las camas doble en una de las habitaciones y ardió fuertemente, provocando un intenso siniestro que devoro toda la planta.
 
En esfuerzos por salvar las pertenencia como documentación entre otras cosas, personalmente quede atrapado entre medio de las llamas. Todo duro segundo que fueron eternos, los bomberos llegaron, repelieron el fuego y lograron rescatarme inconsciente del medio de las llamas con un fuerte principio de asfixia.
 
Fui trasladado al hospital Posada y desperté al día siguiente completamente entubado pero consiente de la situación.
 
Cuando me quitaron el tubo de la garganta, entre el mareo y el ahogo, mi primera pregunta fue a qué hora jugaba argentina y claro, me había perdido el primer partido de la selección argentina México 86 ante Corea del Sur.
 

Si la pregunta es donde estaba cuando el 10 dio catedra de futbol y dejo la mano de dios en nuestros corazones y el gol del siglo en nuestra alma, la respuesta es internado. Según cuentan, me había salvado por muy poco gracias a la intervención de los bomberos junto con la intervención divina, pero sin embargo, el único recuerdo que tengo fue el partido con Inglaterra, el grito sin fin cuando la mano de dios empujo a la pelota dentro del arco inglés y el llanto descontrolado cuando el 10 libro su propia batalla contra los ingleses y en una carrera que no tenía fin, nos regaló ese sabor a revancha con un gol que se grabó en el mundo como el gol del siglo.

 
con la “Mano de Dios” y con el mejor gol de la historia del deporte más popular del planeta (cuya narración por el periodista uruguayo Víctor Hugo Morales sigue estremeciendo 34 años después) el 10 nos regaló esa alegría que durara por el resto de la eternidad, dejando en claro que Dios nunca abandono a la argentina, sino que se vistió de pícaro, atrevido y contestatario, se calzo la 10 en la espalda y con una surda inigualable dejo a los pecadores sin respiro para que personas como yo, nos olvidáramos de lo difícil que es la vida y por un momento, nos sintiéramos en el mismísimo cielo.
 
A mis 53 años y con cientos de editoriales al hombro, hoy no quiero hablar de futbol, no podría hacerlo jamás, ya están los expertos haciendo lo suyo, poniendo cada cosa en su lugar y dejando al mejor de la historia en el mejor de los altares.
 
Hoy quiero sentirme más pueblo que nunca y detrás de la tristeza, decirle gracias al 10 más famoso del mundo, decirle gracias al dios terrenal que nos bendijo con su zurda indomable mientras nos dejaba en claro, a pesar de la adversidad se puede ser feliz.
 
Hoy quiero llorar en silencio, mirar cientos de videos del más grande porque no me está permitido olvidar, tararear la canción de Rodrigo y «todo el mundo canto Marado, Marado» simplemente para entender que Diego, siempre será el Dios Argentino.
 
 
Buen viaje Diego.

 
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